miércoles 24 de abril de 2024 - Edición Nº1647

Cultura | 27 mar 2022

UNA LEYENDA VIVIENTE

Carlos Alberto Pairetti, a 60 años de su debut en el TC

Carlos Alberto Pairetti, una leyenda del automovilismo nacional, está celebrando los 60 años de su debut en Turismo Carretera, categoría en la que fue campeón en 1968 a bordo del célebre “Trueno Naranja”. Santafesino de nacimiento y arrecifeño por adopción, Pairetti tuvo ayer un reconocimiento en su pueblo natal, Clucellas, cuya avenida principal lleva su nombre y apellido y a partir del 1º de Mayo, también lo recordará el tramo de la Ruta Provincial Nº 13, entre Las Rosas y Rafaela


Por: InfoGEI

La Plata, 27 Mar (Por InfoGEI).- Carlos Alberto Pairetti, oriundo del partido bonaerense de Arrecifes, fue distinguido en Clucellas, una localidad del departamento Castellanos, provincia de Santa Fe, Argentina, donde la avenida principal lleva su nombre y apellido desde este sábado. Además, desde el 1º de Mayo, también lo recordará el tramo de la Ruta Provincial Nº 13, entre Las Rosas y Rafaela

Según publica el portal Primera Plana de Pergamino, el viernes, en el templo de la velocidad, el Autódromo de Rafaela, la comisión directiva del Club Atlético inauguró un mural de "Il Matto" (El Loco), en homenaje a su participación en las "300 Indy" de 1971, en la que el expiloto se midió con los ases del automovilismo norteamericano y finalizó con un histórico 12º puesto.

Pairetti, que cumplirá 87 años el 17 de octubre, recordó con nitidez y precisión el día de su debut en el TC, el 25 de marzo de 1962. Pasó por la casa de su madre en Arrecifes con el motor de su coupé Chevrolet “en marcha” y ella le pidió que “corra despacio” para no tener “riesgos”. “Había llegado a la ciudad a los 7 años, luego de la muerte de mi padre en Clucellas. Como mi madre tenía todos sus parientes en esa ciudad, nos afincamos en Arrecifes y a los 18 años me recibí de martillero público para poder vender terrenos en la ciudad”, recordó.

Cuna de Campeones

Pero como en esa tierra, la “Cuna de Campeones”, se respira “nafta”, Pairetti se propuso correr a temprana edad: “Primero fui auxilio de Néstor Marincovich, tío de Carlos, que se mató en 1961. Su Chevrolet ‘39 quedó guardado en un galpón y lo compramos con cuatro amigos a 550 mil pesos de esa época. Cada uno puso 110 mil pesos; empresas de Arrecifes como Gomatro y Annan de Pergamino nos ayudaron con las publicidades”, subrayó. El auto viajó a Buenos Aires, a la calle Cabello, para que el preparador Bernardo Pérez, que alistó los autos de Juan Manuel Fangio y José Froilán González en Europa, se ocupara del TC. El 24 de marzo, a contrarreloj, Pérez arribó a la tarde conduciendo el Chevrolet 39, que ya tenía pintado el número 56 para debutar en la Vuelta de Pergamino.

Prueba de velocidad

“Ya era de noche cuando pude tener contacto con el auto, y sin luces hice una ‘tiradita’ (prueba de velocidad) en la ruta que une Arrecifes y Salto. Eso calmó mis nervios. Dormí en Arrecifes y bien temprano partimos para recorrer los 50 kilómetros entre Arrecifes y Pergamino. Llovía, algo nada bueno para un debutante, pero lo grandioso fue que antes de largar, se acercó nada menos que Juan Gálvez (9 veces campeón de TC), y yo no lo podía creer", se emocionó. “‘Vos eras Pairetti’”, preguntó quien ya lo conocía como auxilio de Marincovich. Me deseó mucha suerte y me dio un consejo: ‘Tené cuidado que este auto es muy rápido, andá con precaución, es tu primera carrera, está lloviznando, cuidate’. Balbuceando le agradecí y le dije: ‘Sí Juan, le agradezco mucho que se haya acordado de mi, que me haya venido a saludar’. No lo olvidaré jamás”, añadió.

La primera carrera

Carlos Alberto Pairetti conmemoró que “largamos y el primer cartel que me ponen mis auxilios decía 1 minuto por 1 segundo. Le decía a mi acompañante Roberto Aguirre, todo por señas, que íbamos 11 y él me decía que estaba loco, que marchábamos primeros, delante de los Emiliozzi y Santiago Saigós. Entonces me di cuenta que debutaba y punteaba la carrera en la primera vuelta”. En el último giro, cuando ya había perdido la punta, sufrió un retraso por la rotura de una manguera, que lo marginó a un meritorio décimo lugar. Pairetti dejó su sello en el automovilismo porque con su estilo aguerrido, combativo, inclaudicable y versátil se ganó el corazón de todos. Hizo maravillas con cada auto que condujo y podía brillar tanto en el barro del TC -ganó dos Grandes Premios ‘63 y ’66- como en los autódromos.(InfoGEII)Jd

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